lunes, 24 de noviembre de 2014

Alma mía alaba a Dios y no olvides NINGUNO de sus beneficios


Salmo 103
Salmo de David.

1 Que todo lo que soy alabe al Señor;
    con todo el corazón alabaré su santo nombre.
2 Que todo lo que soy alabe al Señor;
    que nunca olvide todas las cosas buenas que hace por mí.
3 Él perdona todos mis pecados
    y sana todas mis enfermedades.
4 Me redime de la muerte
    y me corona de amor y tiernas misericordias.
5 Colma mi vida de cosas buenas;
    ¡mi juventud se renueva como la del águila!
6 El Señor da rectitud
    y hace justicia a los que son tratados injustamente.
7 Dio a conocer su carácter a Moisés
    y sus obras al pueblo de Israel.
8 El Señor es compasivo y misericordioso,
    lento para enojarse y está lleno de amor inagotable.
9 No nos reprenderá todo el tiempo,
    ni seguirá enojado para siempre.
10 No nos castiga por todos nuestros pecados;
    no nos trata con la severidad que merecemos.
11 Pues su amor inagotable hacia los que le temen
    es tan inmenso como la altura de los cielos sobre la tierra.
12 Llevó nuestros pecados tan lejos de nosotros
    como está el oriente del occidente.
13 El Señor es como un padre con sus hijos,
    tierno y compasivo con los que le temen.
14 Pues él sabe lo débiles que somos;
    se acuerda de que somos tan solo polvo.
15 Nuestros días sobre la tierra son como la hierba;
    igual que las flores silvestres, florecemos y morimos.
16 El viento sopla, y desaparecemos
    como si nunca hubiéramos estado aquí.
17 Pero el amor del Señor permanece para siempre
    con los que le temen.
¡Su salvación se extiende a los hijos de los hijos
18     de los que son fieles a su pacto,
    de los que obedecen sus mandamientos!
19 El Señor ha hecho de los cielos su trono,
    desde allí gobierna todo.
20 Alaben al Señor, ustedes los ángeles,
    ustedes los poderosos que llevan a cabo sus planes,
    que están atentos a cada uno de sus mandatos.
21 ¡Sí, alaben al Señor, ejércitos de ángeles
    que le sirven y hacen su voluntad!
22 Alabe al Señor todo lo que él ha creado,
    todo lo que hay en su reino.
    Qué  todo  lo que soy, alabe  al SEÑOR.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Yo te creo, Dios!

Será posible que en ocasiones mi desconfianza sea algo desagradable? Pensando en esto, entonces comprendí lo que dice Hebreos 11:6  "Porque a Dios no le gusta que no confiemos en él. Para ser amigos de Dios, hay que creer que él existe y que sabe premiar a los que buscan su amistad".

Increíblemente, tanto tiempo leyendo este verso y nunca me había sentido tan descubierta. Como... para que negarlo, si ya de todos modos Él lo sabe?

Ciertamente hay momentos que no creo nada, que no confío en nadie que no encuentro la salida. Sí, lo confieso.

Pero de lo que no me había percatado, o por lo menos no lo había interiorizado, es que eso no le agrada mucho a Dios de mí. Bueno, sé que no me odia, pero le causa tristeza mi incredulidad.

Y tú que lees esto, sí tu mism@... como te sentirías si la persona que más amas desconfía de ti, nunca cree nada de lo que le dices y lo que le prometes lo descarta como algo que nunca va a suceder?

Imagina ahora a Dios, amándonos tanto que entregó lo más hermoso que tenía, su único hijo por ti y por mí. Sin embargo, hoy miles se levantaron en la mañana y dijeron Dios no existe, mientras que otros lo ignoraron o dudaron de su amor y bondad. Pero muchos más aún, lo herimos porque ayer recibimos una promesa y dijimos "Te creemos", más hoy dudamos que esperar en Él tenga algún sentido o lógica. Más bien, pensamos que es absurdo creer en alguien a quien no vemos. Sin embargo, hoy comprendí muy tarde en la noche que mi incredulidad le duele y que yo misma atraso el que se cumplan sus promesas en mi vida. Le crees tu a Dios siempre? o dudas aveces de su Palabra y sus propósitos ? Pues, no es muy tarde para creer. Creéle a Dios ahora mismo. Este es tu momento!!!!

Gracias Dios


viernes, 14 de noviembre de 2014

jueves, 13 de noviembre de 2014

No Temas, Dios continúa a tu lado

Salmo 27
Salmo de David.

1 El Señor es mi luz y mi salvación,
    entonces ¿por qué habría de temer?
El Señor es mi fortaleza y me protege del peligro,
    entonces ¿por qué habría de temblar?
2 Cuando los malvados vengan a devorarme,
    cuando mis enemigos y adversarios me ataquen,
    tropezarán y caerán.
3 Aunque un ejército poderoso me rodee,
    mi corazón no temerá.
Aunque me ataquen,
    permaneceré confiado.
4 Lo único que le pido al Señor
    —lo que más anhelo—
es vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida,
    deleitándome en la perfección del Señor
    y meditando dentro de su templo.
5 Pues él me ocultará allí cuando vengan dificultades;
    me esconderá en su santuario.
    Me pondrá en una roca alta donde nadie me alcanzará.
6 Entonces mantendré mi cabeza en alto,
    por encima de los enemigos que me rodean.
En su santuario ofreceré sacrificios con gritos de alegría,
    y con música cantaré y alabaré al Señor.
7 Escúchame cuando oro, oh Señor;
    ¡ten misericordia y respóndeme!
8 Mi corazón te ha oído decir: «Ven y conversa conmigo».
    Y mi corazón responde: «Aquí vengo, Señor».
9 No me des la espalda;
    no rechaces a tu siervo con enojo.
    Tú siempre has sido mi ayudador.
No me dejes ahora; no me abandones,
    ¡oh Dios de mi salvación!
10 Aunque mi padre y mi madre me abandonen,
    el Señor me mantendrá cerca.
11 Enséñame cómo vivir, oh Señor.
    Guíame por el camino correcto,
    porque mis enemigos me esperan.
12 No permitas que caiga en sus manos.
    Pues me acusan de cosas que nunca hice;
    cada vez que respiran, me amenazan con violencia.
13 Sin embargo, yo confío en que veré la bondad del Señor
    mientras estoy aquí, en la tierra de los vivientes.
14 Espera con paciencia al Señor;
    sé valiente y esforzado;
    sí, espera al Señor con paciencia.